lunes, 8 de agosto de 2016

EL PUENTE DE SAN FERNANDO conocido como "Puente de Viveros" uno de los puentes históricos de acceso a Madrid.


Camuflado bajo el tráfico de la autovía A2 (dirección Barcelona, km 16) se esconde el Puente de Viveros, en el término municipal de San Fernando de Henares, uno de los puentes históricos de la Comunidad de Madrid.

El puente es de paso obligado en el camino que une Madrid con Barcelona, por lo que el continuo tránsito de vehículos hace que sea difícil su contemplación.

Antes de su construcción resultaba imposible vadear el río en épocas de crecida. Para poder cruzarlo, se empleaban barcas que se aprovechaban de una estructura de vigas asentada al terreno, sobre los que se tendía una soga. Los barqueros debían salvar la corriente del río en un método un tanto inseguro, y probablemente mal pagado, a través de la tasa del “barcaje”.
El hecho de que por este punto pasara el ganado lanar dos veces al año en su trashumancia (el camino era Real Cañada) motivó la construcción del primer Puente de Viveros que data de época medieval. Al ser los rebaños su principal usuario, el puente se construyó sin aceras ni empedrado. Además, se evitaba que las carretas pasaran por el puente colocando unos postes disuasorios.
El primer documento que dispone el Archivo de Villa sobre el puente revela las transformaciones que sufrió en 1543 para reparar los daños producidos probablemente por alguna riada. “Desde esta señal hasta donde acaban los cuatro arcos primeros es lo que ahora está entero de lo viejo y de fx en adelante es lo derrocado…” se escribe en el pie del proyecto que se puede contemplar con todo detalle siguiendo el enlace: Puente de Viveros.
También dice “…Y de este pilar se ha de hacer la calzada hasta lo más alto del prado, labrada con sus arcos y macizo y con el corriente que fuera menester para la salida, porque en esta calzada está lo más peligroso en tiempo que el río se sale de madre.” Y es que los catorce ojos del puente nos dan una idea de la fuerza con la que podía llegar a bajar el Jarama en épocas de crecida".
Más adelante, en 1775 concretamente, se ensanchó y consolidó el puente de Viveros con el dinero procedente del Pontazgo, el sobrante de las sisas de Madrid y una contribución que pagaron los pueblos situados hasta cuarenta leguas de contorno. Mientras se realizaban las obras se construyó un puente provisional de madera. Desgraciadamente una riada lo convirtió en astillas, por lo que se tuvo que volver a utilizar los servicios de los barqueros de Algete, Paracuellos y Mejorada.
La tasa medieval del barcaje se transformó en la del Pontazgo o Portazgo, mediante la cual se cobraba un peaje a los viajeros, siempre en función de la cantidad de animales, personas o vehículos pretendían atravesar el río.
En otro documento del Archivo de Villa, firmado por el mismísimo Ventura Rodríguez, se proyecta la reconstrucción de la Casa del Administrador del puente desde la cual se controlaría el paso del río y el cobro de esta tasa. Ya vimos en la segunda imagen de esta entrada su disposición respecto al puente. Aquí vemos su fachada a levante.
De ese mismo año 1777 es este otro documento firmado por Juan Francisco de Luján, corregidor de Madrid “y su provincia” en el que se desmenuza la lista de precios del Pontazgo.
“Por cada coche de uno, dos o tres pares de mulas (…) seis reales y cada personas de los que fueran dentro, ocho maravedíes” podemos leer en sus tarifas más elevadas. Por el contrario, “por cada persona que pasare a pié, dos cuartos”. Incluso se cobra si el ganado no pasaba por el puente y prefería el pastor hacerlo por los vados.
En 1775 el puente adquirió su definitiva fisonomía, con sus características bolas de granito como único adorno. Así se conservó hasta 1950, cuando se construyó la autopista Madrid-Barcelona. Para adaptarla a la circulación de vehículos se amplió su tablero y se construyó un nuevo puente paralelo, tal y como consta en una inscripción dando cuenta de esas obras.

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